|
No existe, fuera de la tradición, una justificación racional para mantener el sistema bicameral en Colombia. Los senadores y los representantes, representan al pueblo, tienen igual periodo, se eligen al mismo tiempo, tienen las mismas competencias y el mismo régimen de inhabilidades e incompatibilidades, en una palabra, el mismo status jurídico. No tenemos, como en Gran Bretaña, una cámara que represente al pueblo y otra a la nobleza (cámara de los lores y cámara de los comunes). Tampoco somos un estado federal que refleje en una cámara la igualdad de los estados (senado de Estados Unidos de Norteamérica, 2 senadores por cada estado) y otra que refleje la desigualdad en el número de habitantes (cámara de representantes de Estados Unidos de Norteamérica). No somos, ni debemos ser, un estado corporativo o fascista, donde una cámara representa al pueblo y la otra a los grupos de interés o de presión particulares, existentes en una sociedad. Sino existe una justificación racional para mantener el sistema bicameral, se impone la necesidad de tener una sola cámara, con las ventajas que ello implica: a) Una legislación más rápida y eficiente b) Reducción de costos ya que se reduce casi en una cuarta parte el número de miembros del Congreso. De otro lado existe una falta de representación de los departamentos, ya que los territorios más grandes pero menos poblados, no tienen representación en el senado. Las comunidades indígenas, los grupos étnicos, los colombianos que viven en el exterior y las minorías políticas están subrepresentadas. Los jóvenes que representan una gran parte de la población no pueden hacer oír su voz donde se adoptan decisiones sobre su vida y lo que es mas grave, la mitad de la población constituida por personas de genero distinto al de los hombres han sido, tradicionalmente, discriminadas políticamente. La revolución pacífica es el acceso de las personas de género distinto al de los hombres, comenzando por las mujeres, a los puestos de dirección del estado (Congreso, Gobierno y Rama judicial). Por ese motivo existe una propuesta trasversal de que en toda la representación política, incluida la regional, la de las minorías o grupos étnicos o de jóvenes, por lo menos la mitad de la representación este en manos de personas distintas a los hombres y de nuestra parte la voluntad indeclinable de hacerla realidad. Decimos que lo que ha faltado es voluntad política, ya que durante el frente nacional pudimos darle la mitad de la representación política en las tres ramas del poder público (Gobierno, Congreso y Judicatura) a liberales y conservadores; y si esto fue así en un tema adjetivo, como es la filiación política, ¿ porque no podemos darla por un tema fundamental como es resarcir la desigualdad con que hemos tratado a las mujeres y buscar en el mediano plazo la igualdad de género? ¡Nosotros nos comprometemos a hacer realidad este sueño y no nos faltará la voluntad para ejecutarlo!
|